Revista Intervalo
El 27 de enero de 1938 se encontraron Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral y Alfonsina Storni en Montevideo, en lo que fue una cumbre ligada a afinidades que ya existían: «Ellas mismas tejieron esos lazos: cartas, colaboraciones, invitaciones, artículos, saludos, todas esas formas que también toma lo literario para perdurar. Adulaciones más o menos genuinas, intercambio de pareceres, y un referente común: Delmira Agustini».
José recupera el libro Orsai: hombres que juegan fuera de lugar, de Juan José Quintans, un artefacto poético queer de los noventa. Ahí, advierte que «La estética marica se levanta desde el bastión histórico del homoerotismo macho: el fútbol. Al igual que en las guerras de la historia antigua, en el fútbol el amor por el compañero es una simbología de poder frente al rival».
Hoy murió David Lynch, quien además de ser un gran cineasta, incursionó en la música, las artes visuales y la actuación. Y en la escritura. Lo recordamos con una reseña de su magnífico libro Atrapa el pez dorado. Meditación, conciencia y creatividad (2022). Surge también una ligación con textos de Julia Cameron, Dani Umpi y Jeff Tweedy que da cuenta de distintas técnicas para la práctica artística, que, en Lynch, se relacionaba estrechamente con la meditación.
Cartas escritas en un avión, cartas que aprehenden una temporalidad diferente en la que se materializa lo imposible. La artista británica Celia Paul (1959) ha sabido corresponderse en ausencia con su admirada Gwen Jhon (1876-1939). Según Gabriela, «ese cariño que traspasa el tiempo y la distancia y se suspende en las ideas es de las cosas más hermosas».
Sobre pilas de libros y el destino que es la biblioteca, Alejandra Kamiya evoca los libros de su vida. La escritora argentina, que estará este viernes en la VIII Noche de las Librerías en Escaramuza, reconoce la disparidad aparente de esos libros: «El lugar en donde se juntan soy yo. El lugar donde Maeve Brennan dialoga con Haroldo Conti soy yo. Yo dejando de ser apenas yo, sino parte de algo grande, una parte ínfima, casi nada pero parte».
«Formé, con los años, una colección de libros que nadie quiere. Por rotos, por inclasificables, por estúpidos, por específicos»: escribe Gabriela Escobar a propósito de los libros de su vida. Un ensayo en el que se derrumban las distinciones entre alta y baja literatura, al tiempo que se evidencia la familiaridad con el libro impreso en toda su magnitud.
«No queremos un sistema que atienda los padecimientos que él mismo genera, sino que debemos transformar al sistema para que no nos enferme»: con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, la psicóloga Cecilia Baroni escribe un texto lúcido e imprescindible.
«¿Qué es lo que hace una lectura en una? ¿Qué es lo que provoca la admiración que se mezcla y confunde con el amor?»: un ensayo sobre las cartas entre la poeta argentina Diana Bellesi y la norteamericana Ursula K. Le Guin. Sobre conjuras poéticas y conexiones de desiertos y ríos distantes, pero en mundos allegados.
Porque alguien tenía que hacerlo, José se mete con un hit de los ochenta en el que afloraban violencias de todo tipo: «Aquella, la de Tito, la del depósito sucio, la de los mimos, ha muerto. Esta mujer que pareciera gozar sin culpa no es la hermana de la Coneja, es otra, es ella. Y eso pareciera imperdonable».
«Yo he perdido el tiempo literario de manera bestial», reconoce María Gainza ante nuestra propuesta de escribir sobre los libros de la vida. La autora argentina, que acaba de lanzar Un puñado de flechas (2024), una nueva colección de textos inclasificables y geniales, se da el gusto de escribir no sobre libros, sino sobre revistas, ese bagaje tan sugerente y propio de una época pasada. Y sobre enormes coffetable books.
Tomando la consigna de «Los libros de mi vida», Iosi Havilio vuelve sobre sus volúmenes de Circe Maia y se detiene en un pasaje de Destrucciones en particular. Así, teje una fenomenología del amor y la destrucción: «estar en el mundo como el mundo se nos pone de manifiesto».
Unos meses dedicados a traducir se transforman en un estado Bartebly hasta que, un día, algo ocurre: «Y el asombro de descubrir otra vez —¡cómo pude haberlo olvidarlo!— que todo se organiza alrededor de ese acto liminar, que todo encuentra su sitio (o lo pierde sin remordimientos) cuando uno se zambulle de cabeza en un libro».
A partir de Nadja (1928), la novela de André Breton, Francisco inquiere sobre una protagonista hecha de «rastros, apenas, fragmentos, intuiciones, citas, sospechas». Y comienza así el análisis de tres grandes protagonistas mujeres de la literatura francesa.
De cómo cierta carta en el archivo de Alejandra Pizarnik, alojado en una remota universidad del norte, remite a una poeta uruguaya muy especial, Orfila Bardesio. Además, vueltas por la Feria de Tristán Narvaja y casualidades que nunca son tales.
«Pensé en cerrarlo con un párrafo disculpándome por no haber cumplido con lo que podía esperarse del texto, es decir que se tratara sobre libros que me marcaron emocional y artísticamente de manera profunda, pero después decidí que no»: Daniel Mella inaugura una serie de ensayos de escritoras y escritores sobre los libros de sus vidas. En este caso, son aquellos ligados a la iniciación en la lectura y la posibilidad de otros mundos.
En este nuevo ensayo de José Arenas hay una revisión del cuento «María del Carmen», de Paco Espínola, desde el lente del deseo y la violencia. Sobre el destino de las mujeres y un texto de «carácter gótico-criollista que parece repetir algunos patrones de esta construcción santa y pagana, pero con diversas variaciones».
Sobre una obra que es una «máquina literaria impersonal, cómica, paródica y enloquecida, que deviene otra cosa que la propia vida, que elabora estética y políticamente la lucha entre los monstruos y demonios del mundo con la serie de personajes de cabezas erguidas o de cabezas inclinadas». Fabián Muniz comparte notas a propósito del centenario de la muerte de Kafka.
En este segundo ensayo, o no-carta, Gabriela Borrelli propone observar la correspondencia entre grandes escritoras: Virginia Woolf y Vita Sackville-Wes; Marguerite Yourcenar y Silvia Baron Supervielle. «Una vida puede ser narrada, puede ser leída, pero también puede ser poetizada. Leo en esta correspondencia la poesía debajo de una comunicación que no intenta nada más que existir a través del tiempo», escribe.
«Kafka, y Gershom Scholem, y Max Brod y tantos judíos centroeuropeos tenían un sueño con la Palestina todavía otomana y a punto de pasar al mandato británico, con la Palestina mestizamente semita que se presentaba como la cifra de un pasado fundacional pero próximo en el que incrustarse de una buena vez en ese mundo en conflagración»: Alicia Migdal escribe sobre Kafka, sus circunstancias y sus visiones. Un anticipo de los cien años de la muerte del autor.
En este texto, el escritor Martín Bentancor evoca los albores de su condición de subrayador serial de libros, a partir de la práctica sostenida de un amigo lector.
¿Por qué dar cuenta con palabras del movimiento, eso que es tan complejo y resbaladizo para ser puesto en palabras? El dúo Animale hace un repaso de varias obras de artistas locales sobre la danza y explora el significado de poner la práctica por escrito.
«El Matadero», cuento fundacional de Echeverría, es una puesta en escena de la barbarie, pero también un alegato del valor del ano sin sodomía dentro del heteropatriarcadose. «Todo este escenario de horror, sangre, sudor, cuchillos, cuerpos ensangrentados y machos, tiene una cúspide que da pavor humano al cuento: la violación del joven unitario que pasaba cerca del matadero», escribe José Arenas.
El vínculo que une la escritura con la lengua materna no siempre es tan esencial como se cree. Isabel Retamoso revisita la obra de cuatro escritoras y escritores que, por razones diversas, se apropiaron de la lengua extranjera para algo tan íntimo como la creación propia. Una excusa para leer literaturas que trabajan sobre la extrañeza y la ajenidad.
Natalia Zito cierra el ciclo «Mi surrealismo personal» con un texto sobre la conveniencia de la apropiación, creditada y transformada, y de la necesidad de que el arte arremeta contra los parámetros de lo real.
Vuelve Alicia Migdal y sus estupendas moscas por el rabo. Sobre Gabo Ferro, la reinterpretación de tangos, la muerte temprana (un disparate), y porque, a pesar de todo, «la música es adictiva, canta en nuestro nombre, concentra obsesiones, hace del emisor un dios laico pero no menos terrible».
Ariel Dilon escribe sobre su tarea como traductor, las ilusiones de la técnica y la guía de la intuición: «A traducir un libro, como a leerlo o escribirlo, solo nos prepara el libro: laboriosa, problemáticamente, cada libro me hace su lector y acaso me hará su traductor». En un recorrido que abarca también la lectura y la escritura, busca así la vibración de la lengua extranjera.
Ya no acerca desde los libros, sino desde las letras del tango, José Arenas despacha este tercer «Faroles del deseo» en torno al cuerpo de la mujer. O cómo la corporalidad femenina «es un elemento central para la construcción de una moral en torno al sexo, una moralina alrededor de la mujer deseante y cierta melancolía alrededor del cuerpo deseado».
Francisco Álvez Francese trae a colación las memorias de la argentina Victoria Ocampo e ilustra la potencialidad de la expresión que despierta Proust en ella. El efecto no solo aplica al entendimiento de la lectura, sino también a la forma de recordar lo inexpresable, aquello ligado a «la melodía quejumbrosa que en mi infancia empezó con un solo de violín».
«El movimiento es el vector que nos unifica, nos iguala, todes somos lo mismo frente a él»: el dúo Animale propone otra forma de relacionarse con seres que no comparten nuestras coordenadas de existencia. Y lo hace por medio del bailar, en tanto posibilidad de imaginar mundos en relación.
Un nuevo ensayo para la serie «Faroles del deseo». Yuntas, cobijo, pasión: cómo el Martín Fierro, de José Hernández, clásico de la gauchesca, se ha venido leyendo en clave queer.
Los límites entre sueño y realidad son porosos, así como también lo son aquellos entre la supuesta cordura y la locura: un nuevo ensayo de Natalia Zito en diálogo con la poeta italiana Alda Merini. Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, un texto sobre la extrañeza, la marginación y el gesto de observarse en las fugas.
«Faroles del deseo» son aquellos textos que irradian sobre la propia escritura, sobre el ser lo que se desea en un mundo todavía adverso. José Arenas emprende una serie de ensayos en los que tributa sus lecturas preciadas, una genealogía en torno a sexo, género y disgénero en la literatura rioplatense
Los gatos, casi indomesticables, casi divinos... «Mi devoción reconoce y admira justo lo que los diferencia de nosotros: que no tengan conciencia moral, que hagan solo lo que se les antoja, que busquen la exclusividad del placer, que no podamos saber nunca lo que "piensan"»: Alicia Migdal y una digresión a propósito del Felis silvestris catus.
Por medio de un ensayo que hilvana recuerdos de hechos que no sucedieron y una vuelta sobre la obra de la artista Leonora Carrington, Natalia Zito se pregunta a qué realidad nos referimos al nombrarla. Porque, de todos modos y como Natalia sugiere, «de los hechos reales queda la ficción».
Crítico puntilloso, editor de finísimo olfato, ensayista poliédrico, antologista esquivo al lugar común, conferencista arborescente y autor de particulares (y muy pocas) ficciones, el escritor argentino Luis Chitarroni, fallecido en mayo, fue antes que nada un muy atento lector, como nos recuerda Martín Bentancor.
Durante años, el escritor Martín Bentancor ha llevado una suerte de diario sobre la lectura de traducciones, una suma de apuntes sobre el oficio que, en muchos casos, rescata la voz de los propios traductores. Acá se comparten algunas entradas del diario en cuestión.
La madriguera es el eje de la tercera entrega de «Mi surrealismo personal», la serie de ensayos de Natalia Zito para Intervalo. La búsqueda de un lugar en el que las cosas convergen remite a Kafka, y eso se une a la certeza de que es todo lo mismo: construir caminos y hacerse a un lado.
Vivir vidas ajenas, obedecer a indirectas voluntades y escribir desde el dolor más lacerante... Leonor Courtoisie da cuenta de eso, porque «Tener la capacidad de elegir cuándo morir y hacerlo a cada rato es un descanso exigente, cabe renacer de manera reiterada y los partos son agotadores».
Ciro Benjamín escribe desde su propia experiencia sobre la visibilidad trans: «Porque merecemos el futuro más brillante y amoroso, como también el más desapercibido y tranquilo». Un ensayo agudo para pensar (incómodamente) sobre las relaciones de poder que condicionan y permiten, o no, la visibilidad.
Esta segunda parte de «Mi surrealismo personal» se adentra en la noche como lugar en el que se escribe gracias a los otros, pero también gracias a que se callan. Surgen, así, lecturas y diálogos con Ernaux, Blanchot y Novalis en un ensayo de Natalia Zito sobre la más propia y anhelada de las noches.
Leonor Courtoisie empieza una serie de ensayos en los que se ocupa de lo mítico y lo legendario, pero sin desatender las minucias de la dimensión cotidiana. Diosa de la justicia retributiva y acérrima luchadora contra la desmesura, Némesis es la primera deidad a la que Leonor le ofrece estas líneas.
En esta performance el foco está en el hacer y no en el cómo se ve. Se trata de un ejercicio en el que lo único que releva es lo que ocurre aquí y ahora. Además, se actúa sin esfuerzo. Magdalena Leite y Aníbal Conde exploran la dimensión autotélica de la danza y proponen un curioso ejercicio en torno a ella.
Con el título «Mi surrealismo personal», la escritora y psicoanalista argentina Natalia Zito estrena columna en Intervalo. En esta primera entrega, un perspicaz ensayo sobre la percepción del propio cuerpo, su ajenidad, las marcas de la experiencia y las transformaciones que opera la escritura sobre nuestras partes.
¿Cuáles son los libros claves para entender la crisis de 2002? Le pedimos al periodista Diego Zas, autor de 2002, Memorias de la crisis, que trazara un paso a paso de las lecturas ineludibles a la hora de construir su investigación. El resultado es un lúcido itinerario de lectura sobre este período medular de la historia reciente.
Caudales ínfimos o escondidos... Gonza Baz vuelve con estos ensayos y exploraciones de los cauces fluviales de Montevideo. Empieza reivindicando el buscar una nueva forma de mirar, pero, advierte, «También importa la propia superficie transitada, las montañas de hojas secas acumuladas durante sucesivos otoños, la membrana asfáltica tajeada, cubierta de hongos, plumas de las cotorras que habitan el árbol que miro todas las mañanas desde la ventana del apartamento donde vivo en Jacinto Vera».
Los cimientos del mundo simbólico están construidos sobre el sinsentido más radical, pero no dejan de ser persuasivos (y operativos). En ciertos momentos, se logra entrever el abismo entre el lenguaje y los objetos. Santiago Cardozo examina la noción del «nosotros», de los pronombres posesivos y de los nombres propios. De pronto, encuentra la ilusión de lo imposible de comunicar.
La depresión en tanto «imposibilidad de tratar con la tensión irreductible de la relación felicidad/muerte», ofrece el punto de partida para el análisis de la filósofa holandesa Eva Meijer. Santiago Cardozo reseña Los límites de mi lenguaje. Meditaciones sobre la depresión (Katz, 2021) y destaca el poder del tratar con la palabra, en todo sentido.
Los cauces fluviales son revirados frente al avance del asfalto. A veces, el caudal se resigna momentáneamente al cemento que lo encajona. En otras ocasiones, lo desborda y se impone raudo por la ciudad. Sea como sea, fluye ajeno a la vida alrededor. Gonzalo Baz (1985) empieza una serie en la que recorre cauces de Montevideo, en textos que se asemejan a un paseo por sus propios mapas mentales.
Las cenicientas son mujeres jóvenes, ingenuas, que con y por su amor no intencionado logran cambiar su destino: el de mujeres trabajadoras y habitualmente pobres. Tamara Tenenbaum cierra la columna «Más allá de la educación sentimental» con el análisis de esta última figura arquetípica, la cenicienta, presente en la literatura y la cultura audiovisual reciente.
Las madres en la literatura se nos muestran como personajes secundarios, que asumen la crianza como «tierno deber» o con siniestra represión y dureza, especialmente para con las hijas. Tamara Tenenbaum disecciona estos arquetipos femeninos desde dos ópticas: la maternidad como posición y la maternidad como experiencia.
¿Cuántas relaciones de amistad entre mujeres conocemos en la literatura? ¿Se muestran como una protagonista y sus amigas o el foco principal está puesto en su amistad? Tamara Tenenbaum explora algunos hitos literarios para pensar en las amigas.
Mujeres adúlteras, sensuales, llamativas y «provocadoras» son las putas, más allá del trabajo sexual, que Tamara Tenenbaum examina este mes: arquetipos de mujeres en la literatura que se exhiben, se muestran y «flaquean» ante el deseo. Mujeres santas o putas, según la perspectiva del relato.
Hombres seductores, ladrones de primeras pasiones, tan fugaces como fogosos; varones protectores, príncipes azules que auguran un final feliz, caballeros confiables. Tamara Tenenbaum disecciona los distintos estereotipos de galanes en la literatura según sus prácticas amorosas.
«La loca del ático» es una mujer que se deja atravesar por sus emociones, que trasciende la corrección normativa, una mujer cuya animalidad es temida, denostada e incluso romantizada según la época. Tamara Tenenbaum nos acerca a algunas de «las locas» más conocidas de la literatura desde la crítica literaria feminista.
Amores superficiales, efímeros, útiles; amores románticos, despersonalizantes, salvajes; pero también amores que van más allá del amor y actuán como elementos de liberación para vivir otras vidas. Tamara Tenenbaum analiza tres enaomaradas clásicas de la literatura del siglo XIX y relee las formas de amar.
Mujeres de avanzada edad, desexualizadas, poco amorosas y nada maternales son algunos rasgos del estereotipo de «la solterona»: una mujer fuera de las estructuras socialmente establecidas que antepone sus propios deseos y asume por ello cierto grado de soledad. Tamara Tenenbaum analiza algunos ejemplos de esta figura en distintas obras de la literatura universal.
¿Es el mundo un lugar mejor que el que ha sido? ¿Logramos que el futuro que hoy es presente sea ese lugar utópico planteado por los pensadores revolucionarios que veían en él el anhelado porvernir? Luis Mardones reflexiona sobre esto y mucho más en la tercera entrega de Nítida Confusión.